“Que
si el mango está en la plaza igual/que si el maestro Escalona asistió/si bajó
Toño Salas de El Plan/¿qué pasó?/que aquí estoy, pero mi alma está allá”.
No tenía cómo saberlo, porque le tocó quedarse en la fría capital, mientras en
Valledupar todo se movía al compás de acordeones, cajas y guacharacas en las
tarimas; de canciones que se estrenaban; de contiendas de verseadores enfrentados
en piqueria; del disfrute y asombro de visitantes; de parrandas con sancocho de
rabo en los patios tradicionales.
Esa tarde de 1977. El muchacho pudo experimentar la angustia
provocada por la inmodificable verdad de tener que vivir de lejos es Festival
Vallenato. No quería ver ni hablar con nadie; sólo se encerró y, en la
soledad de su habitación, dejó fluir toda la tristeza que se había apoderado de
él. “Encerrado, temblando escribí una
letra/que detalla mi tristeza/mi ausencia sentimental”.


















