El doble orgullo de ser un López de La Paz



Se subió al tronco seco del almendro, cerró los ojos y abrió los brazos, inhalando con fuerza el aire del patio en la casona en la que están sembradas las profundas raíces de su estirpe y los relatos añejos de bienaventuranzas y cuitas del pueblo que lo vio nacer, crecer y hacerse un hombre de dinastía.
-“Aquí iniciaba siempre la parranda. Mi abuelo se sentaba a la sombra del almendro con el acordeón y acá empezaba a llegar la gente”. Eran historias que le había contado Miguel López, su papá, y que esa mañana se precipitaban a su memoria como la manifestación de una sed imperiosa por conocer más sobre sus raíces sanguíneas, musicales y territoriales, sobre aquello que motiva al mundo a fijar la mirada en su pueblo.
Así lo encontró Efraín Gutiérrez, un primo hermano mayor que acudió en respuesta de sus inquietudes. “¡Román, cuanto gusto!”, le dijo, antes de estrecharse en un abrazo y adentrarse en la historia de La Casona, una vivienda de arquitectura antigua, sobre ‘La Calle de la alegría’, con amplios dormitorios y un patio enorme que limita en sus extremos con las calles adyacentes, al nororiente del pueblo.

Tres días en el corazón del vallenato



Investigadores de todo el país nos guiarán desde hoy y hasta el sábado en un maravilloso viaje al corazón del vallenato, teniendo como epicentro a Isaac Tijito Carrillo, compositor sanjuanero, creador de obras excelsas como ‘La Cañaguatera’, ‘La Guayabalera’, ‘De flor en flor’, ‘Lejanía’ y otras que están sembradas en el corazón del mundo musical del país. 

La Junta, un pueblo redimido del anonimato



“La junta es un bello pueblo donde nació Diomedes
donde todo el mundo lo quiere y lo aclaman cuando llega”
Diomedes Díaz


¿Y usted cuando va a cerrar este duelo?

“Ay hija. A mí esta tristeza nunca se me va a calmar. Es que yo nunca me voy a olvidar a él”.
El rostro de Chabelita denota una tristeza de muchos días. Es una mujer fuerte y añosa, cuyos ojos se humedecen al evocar al que considera su amigo por siempre, su hijo, su hermano, su familiar; su ídolo ausente.
“Yo no creía cuando decían que se había muerto. De pronto se oyeron los sollozos. Escuché el requiebro de Ocha y la vecina le dijo a la hija mía: Ve Beatriz Elena, que se murió Diomedes… La Junta se puso triste como usted no cree. Apagaron la música y nadie la volvió a prender”.

Rosendo Romero - Traductor del sentir universal

“Ese que escribe versos
repletos de verano
estando en primavera
ese soy yo”
Rosendo Romero.


Al atravesar el puente se asomó por la ventana del carro y se conmovió por el paisaje: El río es un playón con monte que crece entre las piedras de la orilla y una ‘lágrima’ que le corre por el centro. Suspiró y dijo: “Voy a hacerle una canción al río, porque me dio mucho cuando yo era niño”.
Estuvo melancólico el resto del trayecto que lo llevaba al entorno de su infancia, donde se encontraría con amigos, compadres, recuerdos alegres y también con todas las transformaciones que el paso de los años, el peso de la violencia y las desidias del hombre le han causado a su mundo.
Miraba a lado y lado de la carretera y extrañaba los cultivos de antaño, los de antes de los químicos de la bonanza algodonera y de que llegara el conflicto armado a imponer un nuevo orden social y a cosechar los frutos de todo aquello que los agricultores sembraban. “A esto le decían El valle de los conejos”, comentaba y hacía referencia a un pájaro llamado La Flotica, que volaban formando nubes, ante la mirada embelesada de los niños. “Es muy verraco seguir con esta guerra que no sirve para nada”… Guardó silencio hasta que entró en el pueblo y alguien desde una bicicleta en movimiento le gritó:

Compositores: Patrimonio de mi esencia

Cuando yo era niña escuchaba mucho la historia cantada de un hombre que transitaba senderos abruptos y se tropezaba con un ángel; caminaba sobre sus pasos enfrentando sus fracasos y más tarde se cobijaba con unos brazos de desprecios y deseos. Por más que mi imaginación infantil intentaba pintar ese paisaje, no lo lograba; mis pensamientos no podían darle forma a esos relatos. Más tarde, a mis oídos llegó la historia de otro hombre que era la añoranza de un verso y que terminaba condenado por las gotas de llanto de una mujer… ¿Cómo es eso? Era la pregunta que siempre surgía ante las limitaciones de mi imaginación para dibujar las imágenes.

Un poeta en calma



“Ya casi no salgo. A veces voy por raticos a la plaza en las tardes”.
Pronuncia la frase con un acento de nostalgia que se mantiene presente en él durante toda esa mañana  de marzo, en la que una romería de recuerdos, tristes y alegres, llegan a visitarlo en el patio de su casa en el barrio Las Gaviotas de Valledupar.

Tiene razones para estar confinado: Ya las parrandas inolvidables se fueron, como también lo hizo el sosiego en las calles por las que podía andar sin inquietudes distintas a las producidas por el nerviosismo de ser bien recibido al llevar una serenata. “Me da temor. Yo leo todos los días en la presa que ahora asaltan y lo hacen es disparando, entonces me da como miedo salir a la calle”, dice Gustavo Gutiérrez Cabello, el hombre viajero de sus cantos, que ahora los lleva por diversos rincones del mundo, convirtiéndose esas giras en oportunidades de esparcimiento: “Los fines de semana como viajo por distintas partes del país a cantar, me distraigo bastante, los viernes y los sábados; llego los domingos y me quedo toda la semana aquí encerrado”, y cuenta que decidió clausurar la entrada principal de su casa y reforzar la seguridad en la puerta del balcón, después de ser víctima de atracos, que le ratificaron la materialización de sus temores de antaño, cuando elevó para que la violencia no llegara al Valle.  

Ya no hay heridas en los cantos de ‘El flaco de Oro’



La tristeza se fue. Los amplios trazos de melancolía que se anunciaban perpetuos en sus cantos ya no están. Uno a uno los fue dejando a un ladito del camino largo, y muchas veces agreste, que le ha tocado trasegar, en cuyo final ha encontrado días serenos y placenteros.
“Soy un ser simple, elemental, primario”. Así se describe Gustavo Gutiérrez Cabello, un poeta excelso que con sus cantos traduce en palabras la inmensidad del paisaje que vio desde su niñez y que marcó el sendero de sus creaciones, de lo que él es.
“Y desde entonces yo soy romántico y soñador porque no puedo cambiar la fuerza de mi expresión”, dijo en una tarde de sol.
No podía cambiar porque de eso está hecho: De romance, sentimientos y nostalgias, de añoranza, de poesía… No podía separarse de las cosas más hermosas, de las más ligadas a su vida.

Un edén llamado Patillal



A medida que el carro avanzaba, la mujer experimentaba una sensación inexplicable, como de sosiego, de paz. “Qué bueno… Se siente más fresco el ambiente y hay brisa”, expresó, mientras se recostaba en el espaldar de la silla y dejaba que su mirada se perdiera en el horizonte, que se le antojaba muy distinto y distante al de Valledupar, pese a la cercanía entre ambos lugares.
No era la primera vez visitaba a este paraje, pero se extasiaba como si nunca hubiera visto la lomita de piedras atravesada por la carretera antes de llegar, el arroyo de La Malena, el puentecito pueblerino, las calles bucólicas que la embelesan siempre y le despiertan un raudal de interrogantes, siendo el más fuerte de ellos: “¿Qué es lo que tiene este lugar que me embruja de esta manera?”.

A fuerza de patadas se abrió paso en el mundo


Quiero compartir con ustedes este texto. Lo escribí para Vanguardia Valledupar; fue publicado el año pasado... 


"Gracias a este deporte soy lo que soy, 
He conocido muchos países, que no todas las personas tienen el privilegio de conocer. 
Además, el deporte lo aleja a uno de las cosas malas”:
Oscar Muñoz.


Es un día normal. No hay estudio y los compromisos deportivos le han dado un break al campeón, pero él no da para quedarse en casa viendo televisión o jugando boliche como podría hacerlo cualquier muchacho de su edad. Se levanta temprano y va al encuentro de una camada de pequeños que tienen sueños gigantes como el que hoy protagoniza él.

En este día...


Yo nací en el bosque verde y exuberante de un país en cuyo nombre subyacen las significaciones de una paz que hoy se ha ido, que regresa de tiempo en tiempo y se materializa en palabras de los viejos de mi tierra, quienes cuentan historias de épocas apacibles en las selvas - como la mía, allá en el suroccidente colombiano- y también en los poblados plenos y también en proceso de emancipación.

¿Ya se percató?... ¡Al Cesar se lo está tragando el desierto!


Cuánta razón tenía Julio Oñate Martínez cuando hace treinta años escribió su profecía. Ya Pedro Castro lo había vaticinado también, pero las predicciones fueron pasadas por alto 
y eso ¡cuánto daño te ha hecho, Cesar!

Basta con abrir la ventana y observar que el paisaje de ha ido, al igual que muchos pájaros que en tiempos remotos del valle del Cesar alegraban en despertar de las gentes.
Ya no están los pastos verdes y el color de la vegetación se ha cambiado por un tono amarillento que viaja con la brisa desde La Guajira y se posiciona en lo que antes eran los bosques de caracolí.

Muchas musas, pocos amores



“Dónde hallaré la muchachita linda
que se decida quererme a mi
quiero vivir de nuevo en La Guajira
lo más contento, lo más feliz…
Si es necesario voy al Surimena
me acerco a Roche, a Manantial
llego a Hatonuevo me subo a la sierra
hasta Angostura  voy a llegar
creo que Las Pavas con su clima frío
me tiene reservada una linda mujer
tiene Barrancas un bello caserío
donde viven mujeres que se puede ver.
Si por allá no consigo
en la tierra ‘e Lagunita
me voy a Campo Florido
a San Pedro y Saraita”

La búsqueda de Leandro Díaz terminó en San Diego, a mitad del siglo pasado, cuando él pasaba de sus 25 años y había protagonizado profusos episodios de amores no correspondidos y lamentos cantados.
No fue una barranquera, una de Papayal, una hatonuevera o una Oreganal; no. Tampoco fue Matildelina, Josefa Guerra, Raquelina, Cecilia, ni mucho menos una ‘Gordita’.

El tratadista del alma



“Yo hice una frase que conmovió a la humanidad ‘Cuando Matilde Camina hasta sonríe al sabana’ y muchos creyeron que era verdad, que la sabana sonreía y se fueron hasta allá para ver. Cada vez que yo iba encontraba un carro parqueado allá, visitando a Matilde”:
Leandro Díaz.


Que los poetas contemporáneos se desborden en adjetivos hacia Leandro Díaz no es producto de galantería sino la exteriorización de la gratitud que guardan en sus seres conscientes, debido a la grande influencia que de él hay en ellos, por haber sido un referente en el que todos se apoyaron para robustecer sus creaciones líricas.
“Es el genio más grande que tiene el vallenato”, dice Sergio Moya Molina, mientras Beto Murgas lo secunda expresando: “Como dijo alguien una vez, él es el Homero del vallenato”. Seguidamente Julio Oñate Martínez acota “para mí es uno de los casos muy específicos del vallenato, el compositor que antes de cantar, piensa”. Rosendo Romero toma la palabra para decir que “Leandro Díaz es el mejor tratadista del alma en la composición vallenata”.

Un juglar en primavera


"Está brisando”.
Pronunció la frase y con un suspiro profundo se recostó sobre el espaldar del sofá, mientras la brisa de abril le acariciaba sutilmente el rostro.
Se quedó inmóvil, con los ojos cerrados y una sonrisa casi imperceptible dibujada en el rostro, embebido en un silencio que sólo era interrumpido por la danza de las hojas de los frondosos árboles de mango que espontáneamente soltaban frutos que se golpeaban al caer al pavimento.
-Le gusta mucho la naturaleza, ¿verdad?

Nichos de la guerra

El paisaje que se divisa en el horizonte enternece a los hombres que bajan de sus hamacas con un frío empotrado en los tuétanos y olor a café caliente metido en su subconsciente.
Allá arriba, a dos mil doscientos metros de altura sobre el nivel del mar, experimentan una sensación espiritual que desecha las palabras y los mantiene en un silencio místico, quizás infundido por el quehacer los trepó en lo alto de la montaña.

Tierra de música y leyendas…

…Y así, a travesando cordilleras llegué hasta aquí, y me atrapó la magia de este lugar, y me embelesó el encanto de esta tierra de música y leyendas.
Era de madrugada ese día. Desperté y quedé extasiada con un valle inmenso, en cuyo final se pintaba el paisaje celestial con acentos amarillos y anaranjados. En el pasacintas del vehículo, un hombre invitaba a una mujer a “llenar de cariño los amaneceres del Valle”; entendí entonces que los versos de los poetas de aquí van más allá de una literal descripción bucólica de su entorno; supe que sus obras son la biografía de los sentimientos no solo de ellos sino de toda una cultura, una cultura sinigual.

La Navidad y el sentimiento de un poeta

El viejo reloj de pared marcó las cuatro de la tarde y la cordillera comenzó a untarse de un silencio místico que penetró hasta lo más íntimo del ser del poeta, quien no pudo soportar esa sensación espantosa y tomó la decisión.
“Vea tío, yo me voy. Yo no voy a pasar acá la nochebuena”
“¿Te vas Chendo?”, preguntó incrédulo el tío Luis Ramón.
“Sí tío, me voy”, confirmó el poeta.
Alistó su mochila, cortó cañas, empacó su cobija, se encintó el machete y cogió camino hacia el plan, perseguido de cerca por aquel silencio que hacía más denso el aire que le llegaba a los pulmones. “Ese es un silencio muy fuerte, aterrador, es un silencio de soledad”, describe el poeta.

Conjuran el dolor del conflicto, entonando un canto a la vida

“Hay un momento en que la música nos llama y nos dice que sigamos adelante,
y también nuestros muertos nos impulsan”:
Lubis De la Ossa.


En común tienen su talento para crear e interpretar magistrales obras del vallenato, tramos largos de sus vidas dedicadas a este folclor, y un amor ilimitado por la música, entorno en el que se desenvolvían felices y en paz.
Pero ese mundo de versos y melodías fue permeado por el conflicto armado, de modo que los espacios que antes eran exclusivos de poesías y creaciones armoniosas pasaron a ser teatro de lágrimas, sepelios y duelos inacabados.
En ese contexto volvieron a encontrarse y compartieron su nueva condición de artistas víctimas de la violencia. Entonces decidieron convertir esa circunstancia en un motivo para luchar, para aquietar los gritos de sufrimiento e impotencia y encontrar un espacio para cantarle a la vida.

Kaleth Morales, un recuerdo y un legado.

A lo lejos, el joven escuchó una melodía que impregnó su contexto esa mañana y se alojó en sus recuerdos. El aire lluvioso transportaba el anhelo de un hombre enamorado: “Yo no quiero envejecer y si estas conmigo le gano a los años, me llenas de juventud con solo mirar tu carita inocente. Asegúrame Jesús que después de mí no habrá otro que la bese y te prometo que siempre voy a quererla hasta el día de mi muerte…”. http://www.facebook.com/mrmosquera#!/notes/color-de-colombia/kaleth-morales-un-recuerdo-y-un-legado-hoy-seis-a%C3%B1os-en-el-limbo-por-su-muerte/10150346426728829