“Todo lo sufre, todo
lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”, dice el libro de Corintios sobre la
naturaleza del amor, del verdadero amor; y reitera que “el amor nunca deja de
ser”, a pesar de las tempestades, ciclones, huracanes o lo que sea que tenga
que resistir.
Y
esos: Sufrir, creer, esperar y soportar son verbos que se han conjugado literalmente
en el sujeto Juana Fula durante más de medio siglo que ha persistido amando a
Sergio Moya Molina, el hombre al que decidió unir su vida
desde cuando era apenas una adolescente de quince años y todas las fibras de su
ser se sacudieron ante los galanteos de ese muchacho alto y flaco le hacía
sentir mariposas revoloteando su vientre, respirar un aire más liviano y ver
los días más bonitos. “Yo soy samaria, pero tengo 54 años de estar aquí con Sergio.
Él iba a Santa Marta y yo lo vi allá con un tío; después me vine para
Valledupar a vivir con mi mamá y lo encontré a él”, recuerda.


















