Si Peter Manjarrés no
está hoy comiéndose las uñas, desvelado y sin poder pasar bocado es porque “yo
soy una persona muy aterrizada. He sido siempre muy equilibrado. Creo que por
eso que me dicen ‘El Caballero’, porque soy muy creyente en Dios y nunca he
creído en la fama”. De lo contrario, hubiera tenido que sortear los altos
niveles de ansiedad ante la magnitud de lo que hoy está presentando al mundo: Sólo Clásicos Vol.2, que además tiene un
apellido grande: ‘Cuatro Décadas’.
Existen rasgos característicos que identifican a los seres, canciones que se parecen a uno, libros que nos llenan el alma, cosas tan nuestras como la certeza de ser únicos e irrepetibles, tal cual nos creó Dios. Así son también las cosas que producimos y nuestros lugares de intimidad. Yo tengo un nicho que tiene todo de mí, mi olor, mi esencia, mi ser. Desde aquí los saludo.
“Más pudo mi libertad poética que un matrimonio”: Rita Fernández Padilla
Ella
nació el día del solsticio de verano, cuando sol alcanza su más alta posición
en relación con la tierra, en una casa cerca al mar, y se convirtió - al crecer
- en una “amante de la naturaleza, de los seres sensibles, nobles y generosos.
En una enamorada de la paz interior”, complementos vitales que encontró en la
poesía, la música y la libertad.
La parranda vallenata como un ritual de amistad
“El de las carcajadas era el viejo
Poncho Cotes, riéndose de un cuento que contaba Andrés Becerra y que decía
poesías toda la noche. Hablaban de amores y de penas”[i]. El
verso de Poncho Cotes Maya habla de cuentos que hacían reír, de poesía, de
evocaciones de amores, de nostalgias provocadas por las penas; pero sobretodo
habla de amistad y cofradía; todos estos, elementos constitutivos
imprescindibles en una parranda vallenata.
El diccionario de la
Real Academia de la Lengua Española define la palabra Parranda como “Cuadrilla
de músicos o aficionados que salen de noche tocando instrumentos de música o
cantando para divertirse”[ii].
Y sí, pasar un rato agradable es un objetivo lógico; no obstante, al trasladar
este término a la comarca del vallenato, sus connotaciones toman otras
dimensiones que trascienden el entretenimiento y se instala en regiones del
espíritu, en aquello que sólo puede entenderse, digerirse, leerse, sentirse, en
los territorios del alma.
En La Guajira, “el agua es melancolía, sólo la aridez perdura”
Había intimidad,
confianza, música, trago, comida, alegría y lamentos exorcizados. Era uno de
esos reencuentros de amigos que hace tiempo no se ven y que se confiesan
entrañables a medida que avanzan los abrazos y se actualizan en las novedades
de sus vidas. Al paso de las horas, uno a uno fueron despidiéndose, vencidos
por el sueño o las demandas del tiempo familiar, y sólo quedaron tres, que se
entregaron a la madrugada sin prisa, para renovar la esencia de su afecto añejo;
ese era su momento y se apropiaron de él para invertirlo en la amistad. Uno de
ellos sacó de su billetera una memoria en forma de tarjeta, la instaló en el
equipo de sonido y se embebieron los tres en el deleite de las añoranzas
traídas por las canciones de su pasado.Poema triste a las prostitutas del mundo
En
el punto justo donde el día besa la noche, ella hacía su aparición envuelta en
colores refulgentes, cuyos destellos dejaban ver su alma virgen de afecto,
colmada de amores sin nombres, fugaces y baratos. Él, un ser impúber, se moría
de las ganas de descifrar ese gesto sugerente que le hacía la mujer al verlo
pasar sin destino hacia la finca de su padre, con la única tarea de verla
ondear la mano diciéndole adiós, desde un raudal de coloridas damiselas.
“Eran
muchas mujeres, pero había una en particular; era cachaca y me hacía señas
desde lejos cuando yo pasaba”.
Diario de un pescador
Rodrigo abre los ojos
y se sienta en su lecho. A tientas, calza las chanclas que ha dejado a los pies
de la cama; iluminado por la lámpara de la esquina, cruza la cocina y sale al
patio trasero de la vivienda, donde entra en un cuartico sin techo, con pareces
de tablas y un tanque lleno de agua. Suelta despacio el agua con una vasija
plástica y la siente deslizarse desde su cabeza y recorrerle el cuerpo, mientras
desde patios lejanos le llegan cantos de gallos y mugidos de la noche que se va.
Es increíble la frescura que se siente a esa hora en Chimichagua, comparada con
los 38 grados, y a veces más, que por lo general soporta en sus faenas de
pesca. De regreso al cuarto, pasa de nuevo por la cocina y un olor a café
recién colado se le mete por la nariz y lo invade por dentro; se detiene un
momento, cierra los ojos, inhala con fuerza y retiene por unos segundos el aire
aromático en sus pulmones; es como si quisiera consumir el café sin beberlo.
Manos que tejen esperanza y tradición
Las manos laboriosas
sujetan el tejido con los dedos medio, anular y meñique. Pulgar e índice de la
mano derecha manipulan la aguja, mientras los de la mano izquierda hacen
maniobras ágiles con el hijo; lo extienden y enrollas con una habilidad que
embelesa.
Hace calor en la
avenida Primera de Riohacha. Edeisuana Epiayú está ubicada debajo de un Roble, que
le proporciona su sombra para mitigar las altas inclemencias del sol, al tiempo
que le sirve de teatro de creaciones y comercialización de su arte ancestral.
Viste una manta rosada con acabados de hilos diversos, accesorios artesanales,
una mochila pequeña cruzada y una pañoleta hecha a mano. Al lado tiene decenas
de mochilas, pañoletas, pulseras, llaveros y otras manualidades que la
identifican como auténtica wayúu, representante de la casta Epiayú, del
resguardo Mañatú, en Aremasaín, en la Alta Guajira.
Lento de prisa, una canción necesaria
De lo necesario dice
al Real Academia de la Lengua dice “que es menester indispensablemente o hace
falta para un fin”. Se define también como “aquello que debe ocurrir, hacerse,
existir o tenerse para la existencia, la actividad o el correcto estado o
funcionamiento de alguien o algo”. De los que la han escuchado, hay quienes
aseguran que ‘Lento deprisa’ es una canción necesaria para hidratar el alma en
medio del convulsionado mundo de la intolerancia, el egoísmo y el desapego por
las tradiciones, el territorio.
¿Qué era lo que tenía kaleth Morales que lo hizo convertirse en un referente?
Irrumpió en el
universo musical con un estilo distinto, colonizó con su fraseo, sus versos, su
ritmo y su puesta en escena a toda una generación que pronto lo entronizó como
su ídolo; logró entrar por la puerta grande a espacios antes vedados para el
vallenato, pasó a la historia con el título de rey, inigualable, único, inmortal...
¿Qué era lo que tenía Kaleth Morales que lo hizo convertirse en un referente?
El doble orgullo de ser un López de La Paz
Se subió al tronco seco del almendro, cerró los ojos y abrió los brazos,
inhalando con fuerza el aire del patio en la casona en la que están sembradas
las profundas raíces de su estirpe y los relatos añejos de bienaventuranzas y
cuitas del pueblo que lo vio nacer, crecer y hacerse un hombre de dinastía.
-“Aquí iniciaba siempre la parranda. Mi abuelo se sentaba a la sombra del
almendro con el acordeón y acá empezaba a llegar la gente”. Eran historias que
le había contado Miguel López, su papá, y que esa mañana se precipitaban a su
memoria como la manifestación de una sed imperiosa por conocer más sobre sus
raíces sanguíneas, musicales y territoriales, sobre aquello que motiva al mundo
a fijar la mirada en su pueblo.
Así lo encontró Efraín Gutiérrez, un primo hermano mayor que acudió en
respuesta de sus inquietudes. “¡Román, cuanto gusto!”, le dijo, antes de
estrecharse en un abrazo y adentrarse en la historia de La Casona, una vivienda
de arquitectura antigua, sobre ‘La Calle de la alegría’, con amplios
dormitorios y un patio enorme que limita en sus extremos con las calles adyacentes,
al nororiente del pueblo.
Tres días en el corazón del vallenato
Investigadores de todo el país nos guiarán desde
hoy y hasta el sábado en un maravilloso viaje al corazón del vallenato,
teniendo como epicentro a Isaac Tijito Carrillo, compositor sanjuanero, creador
de obras excelsas como ‘La Cañaguatera’, ‘La Guayabalera’, ‘De flor en flor’, ‘Lejanía’
y otras que están sembradas en el corazón del mundo musical del país.
La Junta, un pueblo redimido del anonimato
“La junta es un bello pueblo donde nació Diomedes
donde todo el mundo lo quiere y lo aclaman cuando llega”
Diomedes Díaz
¿Y
usted cuando va a cerrar este duelo?
“Ay hija.
A mí esta tristeza nunca se me va a calmar. Es que yo nunca me voy a olvidar a
él”.
El
rostro de Chabelita denota una tristeza de muchos días. Es una mujer fuerte y
añosa, cuyos ojos se humedecen al evocar al que considera su amigo por siempre,
su hijo, su hermano, su familiar; su ídolo ausente.
“Yo
no creía cuando decían que se había muerto. De pronto se oyeron los sollozos. Escuché
el requiebro de Ocha y la vecina le dijo a la hija mía: Ve Beatriz Elena, que
se murió Diomedes… La Junta se puso triste como usted no cree. Apagaron la música
y nadie la volvió a prender”.
Rosendo Romero - Traductor del sentir universal
“Ese que escribe versos
repletos de verano
estando en primavera
ese soy yo”
Rosendo Romero.
Al atravesar el puente se asomó por la ventana del carro y se conmovió
por el paisaje: El río es un playón con monte que crece entre las piedras de la
orilla y una ‘lágrima’ que le corre por el centro. Suspiró y dijo: “Voy a
hacerle una canción al río, porque me dio mucho cuando yo era niño”.
Estuvo melancólico el resto del trayecto que lo llevaba al entorno
de su infancia, donde se encontraría con amigos, compadres, recuerdos alegres y
también con todas las transformaciones que el paso de los años, el peso de la
violencia y las desidias del hombre le han causado a su mundo.
Miraba a lado y lado de la carretera y extrañaba los cultivos de
antaño, los de antes de los químicos de la bonanza algodonera y de que llegara el
conflicto armado a imponer un nuevo orden social y a cosechar los frutos de todo
aquello que los agricultores sembraban. “A esto le decían El valle de los
conejos”, comentaba y hacía referencia a un pájaro llamado La Flotica, que
volaban formando nubes, ante la mirada embelesada de los niños. “Es muy verraco
seguir con esta guerra que no sirve para nada”… Guardó silencio hasta que entró
en el pueblo y alguien desde una bicicleta en movimiento le gritó:
Compositores: Patrimonio de mi esencia
Cuando yo era niña escuchaba
mucho la historia cantada de un hombre que transitaba senderos abruptos y se
tropezaba con un ángel; caminaba sobre sus pasos enfrentando sus fracasos y más
tarde se cobijaba con unos brazos de desprecios y deseos. Por más que mi
imaginación infantil intentaba pintar ese paisaje, no lo lograba; mis
pensamientos no podían darle forma a esos relatos. Más tarde, a mis oídos llegó
la historia de otro hombre que era la añoranza de un verso y que terminaba
condenado por las gotas de llanto de una mujer… ¿Cómo es eso? Era la pregunta
que siempre surgía ante las limitaciones de mi imaginación para dibujar las
imágenes.Un poeta en calma
Pronuncia la frase con un acento de nostalgia que se mantiene
presente en él durante toda esa mañana de
marzo, en la que una romería de recuerdos, tristes y alegres, llegan a visitarlo
en el patio de su casa en el barrio Las Gaviotas de Valledupar.
Tiene razones para estar confinado: Ya las parrandas
inolvidables se fueron, como también lo hizo el sosiego en las calles por las
que podía andar sin inquietudes distintas a las producidas por el nerviosismo
de ser bien recibido al llevar una serenata. “Me da temor. Yo leo todos los
días en la presa que ahora asaltan y lo hacen es disparando, entonces me da
como miedo salir a la calle”, dice Gustavo Gutiérrez Cabello, el hombre viajero
de sus cantos, que ahora los lleva por diversos rincones del mundo, convirtiéndose
esas giras en oportunidades de esparcimiento: “Los fines de semana como viajo
por distintas partes del país a cantar, me distraigo bastante, los viernes y
los sábados; llego los domingos y me quedo toda la semana aquí encerrado”, y
cuenta que decidió clausurar la entrada principal de su casa y reforzar la
seguridad en la puerta del balcón, después de ser víctima de atracos, que le
ratificaron la materialización de sus temores de antaño, cuando elevó para que
la violencia no llegara al Valle.
Ya no hay heridas en los cantos de ‘El flaco de Oro’
La tristeza
se fue. Los amplios trazos de melancolía que se anunciaban perpetuos en sus
cantos ya no están. Uno a uno los fue dejando a un ladito del camino largo, y
muchas veces agreste, que le ha tocado trasegar, en cuyo final ha encontrado
días serenos y placenteros.
“Soy un ser
simple, elemental, primario”. Así se describe Gustavo Gutiérrez Cabello, un
poeta excelso que con sus cantos traduce en palabras la inmensidad del paisaje
que vio desde su niñez y que marcó el sendero de sus creaciones, de lo que él
es.
“Y desde entonces yo soy romántico y soñador
porque no puedo cambiar la fuerza de mi expresión”, dijo en una tarde de sol.
No podía
cambiar porque de eso está hecho: De romance, sentimientos y nostalgias, de
añoranza, de poesía… No podía separarse de las cosas más hermosas, de las más
ligadas a su vida.
Un edén llamado Patillal
A medida que el carro avanzaba, la mujer experimentaba una
sensación inexplicable, como de sosiego, de paz. “Qué bueno… Se siente más
fresco el ambiente y hay brisa”, expresó, mientras se recostaba en el espaldar
de la silla y dejaba que su mirada se perdiera en el horizonte, que se le antojaba
muy distinto y distante al de Valledupar, pese a la cercanía entre ambos
lugares.
No era la primera vez visitaba a este paraje, pero se extasiaba
como si nunca hubiera visto la lomita de piedras atravesada por la carretera
antes de llegar, el arroyo de La Malena, el puentecito pueblerino, las calles
bucólicas que la embelesan siempre y le despiertan un raudal de interrogantes,
siendo el más fuerte de ellos: “¿Qué es lo que tiene este lugar que me embruja
de esta manera?”.
A fuerza de patadas se abrió paso en el mundo
Quiero compartir con ustedes este texto. Lo escribí para Vanguardia Valledupar; fue publicado el año pasado...
"Gracias a este deporte soy lo que soy,
He conocido muchos países, que no todas las personas tienen el privilegio de conocer.
Además, el deporte lo aleja a uno de las cosas malas”:
Oscar Muñoz.
Es un día normal. No hay
estudio y los compromisos deportivos le han dado un break al campeón, pero él
no da para quedarse en casa viendo televisión o jugando boliche como podría
hacerlo cualquier muchacho de su edad. Se levanta temprano y va al encuentro de
una camada de pequeños que tienen sueños gigantes como el que hoy protagoniza él.
En este día...
Yo nací en el bosque verde y exuberante de un país en
cuyo nombre subyacen las significaciones de una paz que hoy se ha ido, que
regresa de tiempo en tiempo y se materializa en palabras de los viejos de mi
tierra, quienes cuentan historias de épocas apacibles en las selvas - como la
mía, allá en el suroccidente colombiano- y también en los poblados plenos y
también en proceso de emancipación.¿Ya se percató?... ¡Al Cesar se lo está tragando el desierto!
Cuánta razón tenía Julio Oñate Martínez cuando hace treinta años escribió su profecía. Ya Pedro Castro lo había vaticinado también, pero las predicciones fueron pasadas por alto
y eso ¡cuánto daño te ha hecho, Cesar!
Basta con abrir la ventana y observar que el paisaje de ha ido, al igual que muchos pájaros que en tiempos remotos del valle del Cesar alegraban en despertar de las gentes.Ya no están los pastos verdes y el color de la vegetación se ha cambiado por un tono amarillento que viaja con la brisa desde La Guajira y se posiciona en lo que antes eran los bosques de caracolí.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









